Elogio y refutación del Lara

En el Lara conviven lo mejor y lo peor de nuestro teatro en tan breve espacio que ofende

He elegido el Lara para hablar de cosas que pasan en nuestra profesión. Cosas que me preocupan porque se han vuelto tan comunes que parece que no puedan ser de otra manera. Y no debería ser así. Y porque en el Lara conviven lo mejor y lo peor de nuestra profesión en un espacio tan breve que ofende. Pero en el sector hay muchos que tienen los defectos que paso a relatar, y ni siquiera tienen los aciertos que acredita este teatro. Y empiezo.

Me gusta del Lara que vive de sus aciertos. “Burundanga” y “La Llamada” son más que éxitos, verdaderos fenómenos sociales. Y no son los únicos que han tenido: compartí con el Lara el éxito de “Los miércoles no existen” y allí han adquirido notoriedad proyectos como “Interrupted”, Los Absurdos, la saga de “Lavar, Marcar y Enterrar” o muchas de las obras de Carlos Be, por no hablar de una compañía entonces desconocida que se llamaba Kamikaze y que con “La función por hacer” cambió la reciente historia del teatro en este país y demostró que no teníamos nada que envidiar a muchos de los proyectos que nos visitaban en el Festival de Otoño. Muchos aciertos y de mucho valor.

El Off del Lara, vestíbulo primero y luego sala, se ha convertido en el lugar donde muchas compañías han soñado, y algunas han conseguido, proyectarse más allá de la precariedad. Y hasta aquí lo bueno. Animadas por el éxito de estas compañías, al Lara le llovieron cientos de proyectos que estaban dispuestos a perder dinero con tal de aspirar a un futuro mejor. Y esa tendencia se ha afianzado, con lo que el Lara sigue albergando muchos proyectos no rentables y que no cumplen los mínimos que establece la ley. El Lara se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de la continuidad de los males que nos ha traído la crisis: la multiprogramación y la precariedad. Tampoco hay manera de comunicar eficazmente todas esas compañías en un mercado saturado por la sobreproducción. Pero hemos dejado de aspirar a eso como hemos dejado de cobrar por los ensayos o de reivindicar salarios justos o que se nos dé de alta

Por si fuera poco, el Lara tiene un sistema de ofertas que facilita acceder a uno o varios espectáculos por un precio irrisorio. Desde el punto de vista del marketing está bien pensado, porque ayuda a llenar las obras menos conocidas de su interminable cartelera y colabora en el boca oreja, pero quienes sufren las consecuencias son las compañías, que pueden llenar el teatro y sin embargo no cobrar lo suficiente para cubrir gastos. Al final, lo que sucede es que este círculo vicioso se traslada a la parte más débil de la cadena: los profesionales, que acaban trabajando por salarios de miseria y sin cobertura legal.

¿Es responsable el Lara de que algunas compañías no paguen a sus trabajadores? No y sí. Por un lado, las salas no pueden hacerse responsables de contrataciones en las que no tienen parte, pero por otro lado son responsables civiles subsidiarias de lo que sucede en sus espacios. Y es un secreto a voces que en el Lara muchas compañías no cumplen las condiciones del Convenio de la Unión de Actores. Por otra parte, ¿por qué deberían preocuparse los gestores del Lara si a nadie parece importarle este statu quo? No hay denuncias, no hay inspecciones, las compañías se quejan a título privado pero ya sea por miedo o por dejadez, no ponen en marcha ninguna medida efectiva. Y siempre hay oferta para llenar el hueco de quienes se hartan o no pueden seguir trabajando en condiciones de miseria. Las compañías se visten de víctimas y entonan el consabido “no podemos pagar ahora, pero si todo va bien…” o “es lo que hay” y así siguen sin pagar y sin dar de alta a sus trabajadores, y el Lara refuerza su imagen y hace caja a costa de las aspiraciones de las compañías

No es un caso que afecte solo al Lara, pero insisto: en él se juntan lo mejor y lo peor de nuestro teatro. Y es cierto que las condiciones del Lara hacen peor el sector cuando es un teatro de éxito. Mientras, compañías y trabajadores tienen que compatibilizar trabajos y son cada vez menos actores, directores, técnicos, para ser más camareros, teleoperadores o cualquier cosa que les permita vivir mientras esperan que la suerte los catapulte a un éxito improbable. Hay multitud de soluciones posibles, escoged una. Pero dejad de permitir que se os explote.

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