El Consejo de Cultura de Madrid: ¿interés real o batalla política?

Si el Consejo de Cultura de Madrid no se separa de la lucha política, está condenado de antemano

El 4 de abril se invitó a los agentes culturales a la presentación del proyecto de Consejo de Cultura de la ciudad de Madrid. Es una propuesta largamente reclamada desde la comunidad cultural, por ejemplo por Robert Muro. La respuesta a la convocatoria así como la composición de la mesa,
Gal_ManuelaCarmenaConsejoCultura_2-1254x1000presidida por Manuela Carmena,  y en la que estaban también Getsemaní de San Marcos, Belén Llera, Marisol Mena y Azucena Klett, da una idea de la expectación con la que se esperaba el anuncio. Y sin embargo, la propuesta nacía herida por el rechazo frontal del PSOE. Esa misma mañana, Mar Espinar firmaba este artículo en El País en el que se desvinculaba del Consejo y acusaba a Ahora Madrid de robarles la idea para adulterarla a mayor gloria de su conveniencia electoral.

Lo cierto es que en la presentación, Ahora Madrid se limitó a introducir el proyecto, que se puede leer aquí, a plantear un posible calendario, que pretende que el Consejo sea real en octubre, y a pedir la aportación ciudadana para mejorarlo. Ciudadanos acusó a Ahora Madrid de falta de transparencia (el PP estaba demasiado ocupado con la crisis de Cifuentes). El PSOE ha presentado una enmienda a la totalidad y una nueva propuesta que se puede leer aquí: Propuesta PSOE Consejo de la Cultura

Perdonad lo prolijo de la descripción de los hechos, pero me parece pertinente para resaltar lo difícil que es que esta propuesta salga adelante en los términos en que se plantea. Todos los proyectos resaltan la importancia de la representación sectorial y ciudadana, y la necesidad de independencia del Consejo frente a  los vaivenes políticos, y sin embargo, desde su mera presentación se ha convertido en una batalla política entre PSOE y Ahora Madrid. No parece que la cosa vaya a mejorar en el futuro, pues la propuesta no superará el Pleno sin el acuerdo de ambas formaciones, y menos con la cercanía de las elecciones. Ahora Madrid lo sabe, y parece que propone la medida para obligar a aprobarla en sus términos o echar la culpa a quienes no se han sumado, obteniendo así un rédito de cara a las urnas frente a una comunidad cultural que se ha visto muy decepcionada por su gestión, y que reclama mejoras palpables. Resultado: la cultura se convierte una vez más en batalla electoral y una idea necesaria para el sector corre el riesgo de desvirtuarse o quedar en nada.

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¿Por qué en la propuesta de Ahora Madrid los partidos de la oposición tienen voz pero no voto? Tiene sentido que lideren el proceso, pero sin la participación activa de la oposición, las propuestas tienen muy difícil su aprobación e irán y volverán del Pleno al Consejo ad infinitum, o quedarán en nada. ¿No es más útil que se obtenga el consenso entre los partidos y el sector en el propio Consejo? Da más sentido a la participación del sector y compromete a los partidos a respetar las decisiones del Consejo, a la vez que se evita un temor muy repetido entre los agentes culturales: el de trabajar para nada.

En la propuesta del PSOE hay 2 representantes por disciplina artística. No sé si serán suficientes para otra disciplinas, pero en Teatro se me antojan pocos para que los privados, las productoras comerciales y las pequeñas, el off, el musical  y la creación independiente estén convenientemente presentes. ¿Y los técnicos?

Eso sin hablar de la dotación presupuestaria, la capacidad (o no) para implementar propuestas o la representatividad, cuestiones que también aparecieron en la presentación.

Todos, sector y partidos, parecemos coincidir en la importancia de la creación del Consejo y en la necesidad de sustraerlo de las injerencias de la política. Tengamos altitud de miras para evitar el cortoplacismo y lleguemos por lo menos a un acuerdo de mínimos alejado de las luchas partidistas. Si su construcción se hace mirando a las necesidades del sector y la ciudadanía, el Consejo puede ser un instrumento útil y de largo recorrido. Si se construye mirando solo las urnas, está abocado al fracaso.

 

 

 

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